Lágrimas sin nombres

Cada día pensaba en cómo estaba cambiando.
A veces se le desgarraba el alma por no saber transformar sus ideas en realidad,
se encontraba a sí misma llorando mientras conducía a casa.
Siempre sola, como más le gustaba.
Echaba de menos tener a quien contarle sus ideas.
Sabía que ya nadie le iba a entender, y quién podía hacerlo, se estaba entendiendo a si mismo.

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